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La Cantera (Santa Fe)

100 consensos básicos para fundar La Cantera

En el día de la fecha los abajo firmantes, jóvenes militantes de la Unión Cívica Radical, nos damos cita a los efectos de constituir una organización política nacional, bajo los fundamentos, principios y objetivos, que a continuación detallamos.

1) Declaramos como nuestro principal objetivo la conquista del poder político por vía de las instituciones democráticas, por parte de una nueva generación de argentinos, que superando los errores del pasado, se proponga reinsertar a la Nación en el camino de la igualdad, la libertad, la justicia social, el desarrollo económico, el progreso social y la soberanía política.

2) Nuestro ideario se vincula al pensamiento de la social democracia, es decir, a combinar Libertad con Igualdad, promover la solidaridad, profundizar la democracia y procurar la paz.

3) Estamos convencidos que la única consolidación posible de la democracia en América Latina, es mejorando sustancialmente el reparto de la riqueza, y afirmando el papel del estado en las áreas de educación y salud, así como en la preservación de los recursos nacionales estratégicos.

4) Creemos que las libertades no pueden ser sólo formales o abstractas, deben corporizarse en una ampliación permanente de la participación de todos los sectores sociales en las decisiones políticas, en la afirmación de los rasgos culturales y en el disfrute de la riqueza nacional.

5) Los grandes problemas nacionales nos convocan: el quiebre productivo que implicó el cierre de cientos de empresas en la última década, el peso de una deuda externa agobiante y mayoritariamente ilegítima, una tasa de desempleo sin precedentes, la creciente informalidad del trabajo, la caída de ingresos de los asalariados y el aumento de la desigualdad social, la crisis de valores, la falta de perspectiva y retroceso de las clases medias y el crecimiento de la violencia social e institucional, así como la corrupción y el individualismo que afecta a la sociedad en su conjunto, expresada dramáticamente en su clase dirigente.

6) También, la desaparición de la educación pública como política de Estado, la sistemática destrucción de nuestro aparato científico tecnológico, la expulsión de niños y ancianos de toda cobertura de salud, la enajenación del suelo y el subsuelo, la sumisión humillante a la potencia hemisférica y mundial, entre otras calamidades.

7) Somos conscientes que la virtual inexistencia de Estado converge en una pérdida creciente de capacidad de decisión estatal soberana frente a los sectores dominantes y un achicamiento de su capacidad de gestión.

8) Esta brutal transformación, sumado a la cooptación que sus beneficiarios han derramado sobre el conjunto de la clase dirigente, ha afectado a la política y sus instituciones produciendo la crisis de legitimidad de los partidos más profunda de la historia, letal para la continuidad del sistema democrático.

9) Frente a este diagnóstico, afirmamos que en la recuperación del Estado radica buena parte de la resolución de los problemas nacionales. Pero para ello se requiere recuperar la política y contar con partidos y organizaciones vigorosas y renovadas.
10) Tenemos la convicción de que el futuro de un pueblo está íntimamente vinculado a la calidad de sus ciudadanos y por ende de sus dirigentes. Así, un pueblo libre necesita de dirigentes que asuman el contrato establecido con sus representados.

11) Consideramos que la democracia requiere ineludiblemente de partidos políticos para su funcionamiento y que frente a la crisis de representación de éstos, es indispensable recuperarlos, o crear nuevos partidos o coaliciones de partidos que reemplacen a los que mueren. La certeza de la imprescindibilidad de los partidos políticos, no va en desmedro de las nuevas formas de participación que la sociedad va gestando y que integran el sistema democrático.

12) Entendemos posible la paz social basada en la permanente inclusión de los marginados, a través del acceso a la educación pública en todos sus niveles, a la dignidad que otorga el trabajo debidamente remunerado, a la salud pública de calidad, a la cultura y al bienestar general.

13) Descreemos de los falsos antagonismos destinados a dividir y enfrentar a los sectores populares para allanar así el camino a los intereses concentrados del capital especulativo (en ocasiones también el productivo, cuando éste está concentrado en pocas manos).

14) En cambio, depositamos en la idea superior de justicia la resolución de las controversias derivadas de intereses sociales antagónicos; creemos preciso dar prioridad a los postergados a la hora de gobernar, legislar o dictar justicia, sin por ello poner en riesgo la paz social que, de romperse, acaba perjudicándolos aún más.

15) Impulsamos para ello la construcción de un Estado fuerte, capaz de hacer posible en el marco de la convivencia pacífica las demandas de las grandes mayorías a partir de ese ideal de justicia. Creemos que ese Estado es imposible concebirlo desvinculado del equilibrio que otorga la división republicana de poderes.

16) Resulta imperioso para hacer posible un gran país restaurar la confianza del pueblo en los jueces y magistrados de la nación; así como en la Constitución Nacional como pacto de convivencia del que deriva la paz y el progreso social.

17) Creemos que en la actual crisis del país, con la amenaza cierta de desintegración y fragmentación política, cultural y territorial, la principal tarea es preservar las pocas organizaciones de carácter nacional y popular que subsisten.

18) Es por todo ello que quienes nos damos cita hoy aquí elegimos, por definición ideológica, a las formas democráticas para la concreción de nuestros objetivos, y a la Unión Cívica Radical como instrumento válido aún de nuestra acción política.

19) Estamos convencidos que en los valores y principios históricos del Partido Radical, encontramos suficientes razones para abocarnos a la tarea de su reconstrucción, que nos permita rescatar la concepción de partido de masas de sus orígenes y ofrezca un programa de paz, bienestar y justicia para las grandes mayorías. Elegimos por tanto, el camino de la recuperación del radicalismo.
20) Si lo recuperamos de manos de quienes se sirven de su historia y sus principios para beneficio personal, el radicalismo puede todavía hacer un aporte singular a la resolución de la crisis del país.

21) Observamos con disgusto el desencuentro e incomprensión mutua de quienes dicen representar a los sectores populares. El radicalismo, que alguna vez supo representar la causa contra el régimen, agoniza y sus dirigentes más encumbrados aparecen ante la opinión pública disputándose sus despojos, poniendo al partido al borde de la ruptura, sin que ello sea al menos por razones ideológicas.

22) El peronismo, depositario aún de una importante cuota de respaldo popular, desiste de ponerse al frente de un proyecto de recuperación nacional y se sumerge en interminables internas sin poder resolver la crisis de liderazgo e identidad que le provocó el haber abrazado la doctrina neoliberal en los noventa.

23) Los dirigentes que encarnan la “renovación”, empezando por el propio presidente de la República, están demasiado comprometidos con aquel proceso de destrucción nacional, como para ser depositarios de una renovado confianza popular.

24) Otras expresiones legítimas de los sectores progresistas, como el sindicalismo democrático (CTA), el socialismo unificado o el ARI de Elisa Carrió, son con frecuencia ganados por la especulación, el egoísmo, la exclusión o el individualismo, que le impiden hasta acá construir una fuerza política transformadora capaz de reunir en su seno identidades valiosas y necesarias para su consecución.

25) Frente a ellos reafirmamos nuestra vocación de trabajar por la unidad de los sectores populares desde la recuperación de nuestra propia identidad, vinculada a los sectores progresistas del Partido Radical, sin por ello negar la existencia de otras expresiones con las cuales aspiramos, más tarde o más temprano, confluir.

26) Es en la construcción de un moderno programa político orientado a incluir a los sectores expulsados del sistema por el neoliberalismo, que entendemos reside buena parte de la posibilidad de convocar a cientos de militantes radicales diseminados por toda la república presa del desencanto y la frustración, traicionados por sus dirigentes y descalificados por la sociedad.

27) Si el programa además es capaz de ser comprendido y enriquecido por la sociedad y produce un paulatino acercamiento de la gente al partido, habremos emprendido el camino de su recuperación. Ya lo intentaron los jóvenes de la Declaración de Avellaneda en 1945; ya lo intentaron los jóvenes de la Coordinadora en las décadas del sesenta y setenta.

28) Ese es entonces nuestro desafío principal en el mediano plazo: Ofrecer y aplicar un programa político progresista al partido, encolumnando detrás de él a vastos sectores de la vida partidaria misma y de otros sectores de la sociedad.

29) Pero al mismo tiempo ir desarrollando poder político real que nos permita en un futuro no tan lejano ser los principales ejecutores de ese programa. Para ello debemos proponernos en el corto y el mediano plazo la conquista del poder formal del partido, desalojando a numerosos sectores políticos que impiden o retardan estos objetivos, de su control mayoritario.
30) Cabe aquí distinguir entre aquellos sectores que viven de sus restos de prestigio y fundamentalmente de su historia, y aquellos otros que se ubican ideológicamente en el “centro” político.

31) A los primeros hay que desalojarlos del seno del partido (asumiendo que no se trata de sectores débiles en la vida interna de éste). En cuanto a los segundos, debemos ser certeros en el diagnóstico: el radicalismo dista mucho de ser un partido ideológicamente definido, por lo cual, para romper su tradición de partido de centro, debemos generar una mayoría que respalde nuestro proyecto, y eventualmente convivir con los sectores “moderados”.

32) Entendemos equivocada la estrategia de cierto progresismo partidario de intentar construir la alternativa a partir de la exclusión sistemática de grupos y dirigentes que se ubican en el centro político. Todo lo contrario, el objetivo debe ser liderarlos, nutriéndose al mismo tiempo de la fuerte identidad que suelen tener principalmente en el interior del país.

33) En todo caso, lo que no nos puede suceder a quienes conformamos La Cantera es que el “centro” partidario nos colonice lentamente a medida que vamos acercándonos al poder. Para ello debemos establecer para nosotros mismos pautas de conducta irreprochables que concilie las prácticas políticas con los valores que pregonamos.

34) Creemos que la tarea más inmediata es constituirnos en todo el territorio del país, convocando a todos aquellos jóvenes militantes del radicalismo que estén dispuestos a sumarse a una construcción colectiva, alejada de los personalismos y de las formas de construir tradicionales en el partido. Debemos tensionar al interior del radicalismo para atraer a la mayor parte de la militancia radical (la que está y la que se fue), así cómo a nuevos militantes en forma simultánea.

35) También a quienes no militando en la Unión Cívica Radical coincidan en la necesidad de construir una gran fuerza política progresista que permita refundar la nación.

36) No se trata de convocar a nadie a un salto al vacío. Nuestro movimiento se nutre esencialmente de las construcciones locales, y auspicia solidariamente la acumulación de poder político local de sus integrantes. En ello va a radicar la capacidad de ser exitosos en el objetivo primario de ser actores centrales en la vida partidaria.

37) Se trata de no servirse de la construcción colectiva para la realización de proyectos individuales. Es vital el imperio de la solidaridad recíproca entre las construcciones locales y la comunidad nacional. Quien no esté preparado para asumirlo no debe embarcarse en este proyecto, sin desmedro de que en el futuro se incorpore.

38) Creemos que nuestra consolidación va a depender centralmente de cinco factores: la fuerza de las convicciones de nuestros cuadros y dirigentes; la solidez de la organización; el nivel de los recursos materiales de que dispongamos; el nivel de los apoyos (y la legitimidad que vayamos cosechando en la militancia y la sociedad) y la estrategia de alianzas que nos planteemos.

39) El primer factor se vincula a la capacidad de construcción de una identidad colectiva a lo largo y a lo ancho del país, racional, en el sentido que cada uno de los militantes sepa que se suma a un proyecto político concreto, basado en un ideario y un programa particular.

40) El segundo se trata de nuestra convicción de constituirnos nacionalmente, con criterio territorial y desarrollo de militancia local, con una organización nacional que facilite esa construcción y no la retraiga.

41) Creemos que esa construcción se edifica fundamentalmente sobre los valores de solidaridad militante y lealtad con la organización.

42) El financiamiento de la organización es central en el éxito de los objetivos; sin embargo deberemos procurar financiamiento genuino y transparente, para lo cual entendemos necesario el rol de una Fundación, como así también el desarrollo de emprendimientos productivos.

43) El cuarto factor tiene que ver con la estructuración de acciones que inviten a la militancia y a la sociedad a sumarse en la consecución de los ideales generales y específicos, movilizando capacidades ciudadanas.

44) Finalmente, debemos construir poder funcional y para ello poseer instancias que lo vinculen y le permitan la interlocución con organizaciones empresarias, sindicales, educativas, comunicacionales, entre otras.

45)El debate con las organizaciones de la sociedad civil, la programación de actividades conjuntas, las acciones de proveer formación e información a los ciudadanos, la movilización para presentar exigencias, son tareas cotidianas que debemos encarar para construir la base de apoyo o el poder político necesario para realizar las transformaciones contenidas en este ideario.

46) Desde la fundación debemos desarrollar las políticas tendientes a contar con cuadros técnicos trabajando en la elaboración del programa, y estrategias de formación política intensivas para los integrantes de nuestra organización.

47) Finalmente es desde ella que nos proponemos “tejer” relaciones con otros movimientos y organizaciones sociales representativas de sectores populares. Pero fundamentalmente desde allí generar las propias políticas de inserción social y construcción territorial con programas propios al estilo del Plan de Alfabetización.

48) Nos planteamos convocar a un amplio espectro de intelectuales y pensadores nacionales que compartan la necesidad de recuperar la capacidad de lucha del pueblo argentino a partir del encuentro de los diversos sectores que pretendemos representar.

49) Es decir, ser facilitadores de la generación de pensamiento crítico que permita ir encontrando las soluciones a los problemas del país, generando nuestros propios cuadros técnicos e intercambiando opiniones con otras organizaciones que se aboquen al mismo objetivo.

50) Nacemos también como una organización de cuadros, para lo cual nos planteamos desarrollar estrategias tendientes a captar, incorporar, contener y formar a las actuales y futuras generaciones de la militancia juvenil del radicalismo, vinculadas a la Juventud Radical y la Franja Morada.

51) A partir de ello establecer lazos con las diferentes estrategias de construcción del poder académico que el radicalismo ha edificado en el seno de las universidades públicas. Depositamos en la Universidad un rol estratégico principal en la consecución de nuestro proyecto y de ella pretendemos extraer y movilizar recursos humanos y técnicos fundamentales.

52) Declaramos que nuestra construcción no se agota en el objetivo partidario mismo sino en el proyecto de transformación radical de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales inauguradas por la dictadura militar en 1976 y continuadas por acción, omisión o derrota, por los sucesivos gobiernos democráticos desde 1983.

53) Políticas, porque el poder económico concentrado, nacional y transnacional, superada la etapa de control del desarrollo de nuestro capitalismo por vía de los golpes de estado, optó por el mecanismo de la cooptación de las clases dirigentes en general, y la de los grandes partidos nacionales, en particular.

54) Se trató de inaugurar una nueva forma de dominación con el objetivo de impedir que los sectores populares se organicen. Si en el pasado se asesinaba y torturaba o se asaltaba el poder del Estado mediante las armas, hoy el poder financiero nacional y transnacional coopta a la dirigencia y la transforma en gerenciadora de sus intereses.

55) De esta manera matan de manera silenciosa, a la luz del día y legitimados por las instituciones democráticas, condenando al hambre a miles de compatriotas que observan desesperados que la herramienta del voto no les permite modificar la realidad. Así fue como se gestó la crisis de representación más grande de la historia nacional, generando un vacío de poder y legitimidad que amenaza a la democracia.

56) Pero además porque ello fue completado por una sistemática destrucción del Estado, desapareciendo con él sus niveles de autonomía para la utilización de herramientas de política económica, haciendo que aquellos dirigentes honestos que no estuvieran dispuestos a acordar con los sectores dominantes, fracasaran en el Gobierno, aumentando la desazón de la población que llegó a cambiar honestidad por “eficiencia”.

57) Económicas, en tanto existe un claro hilo de continuidad, interrumpido sin suerte durante el gobierno de Raúl Alfonsín (particularmente en la primer etapa del mismo), entre las políticas económicas de la dictadura y las pergeñadas durante la década menemista y los dos años del trágico gobierno de Fernando de la Rúa y el gobierno actual de Eduardo Duhalde.

58) Sociales, en tanto la nueva estructura económica basada en el predominio del capital financiero por sobre el productivo, la concentración de la riqueza en pocas manos y la destrucción de las instituciones emparentadas con el estado de bienestar, forjó un paisaje inédito para los argentinos que hasta la década del setenta habían gozado de altos niveles de inclusión social, y que ahora se vieron obligados a convivir con la desocupación masiva y la indigencia de millones de compatriotas.

59) Culturales, porque el neoliberalismo atravesó a la sociedad argentina llegando incluso a gozar de altísimos niveles de adhesión y que hoy, más allá de un momentáneo desprestigio, vive agazapado en las propuestas de los diversos representantes de la derecha, la cual muta de caras pero mantiene una fenomenal cohesión programática.
60) La remoción de estas condiciones estructurales y su suplantación por otras basadas en la recuperación de la capacidad de decisión nacional, la reconstrucción del Estado y la consolidación de una democracia con igualdad, son nuestros objetivos centrales, los cuales superan obviamente los límites mismos del radicalismo.

61) Ello implica, por un lado, que aquellos que hoy constituimos este movimiento contemplamos la posibilidad de fracasar en la tarea de recuperar al radicalismo, lo cual no agota en absoluto nuestros objetivos, que lo trascienden y tienen en los intereses de la Nación su finalidad última.

62) Por otra parte, implica una constante política de acercamiento e intercambio con otros sectores del campo popular, que no es otra cosa que la ratificación de nuestra vocación de generar coaliciones progresistas, y que de ninguna manera se produce en desmedro de nuestra identidad política primaria, vinculada a la Unión Cívica Radical.

63) Ese acercamiento debe trascender incluso las propias fronteras del país, en el convencimiento del destino común de los pueblos de Latinoamérica en la lucha por su definitiva liberación. Es decir, la definición del conjunto de actores sociales, nacionales e internacionales con los cuales coligarnos y trabajar juntos en un objetivo común.

64) Pondremos especial énfasis en alianzas con sectores democráticos y progresistas de Latinoamérica que se planteen la liberación de nuestros países. Nacemos entonces con profundo sentido de unidad latinoamericana, proponiéndonos la consecución del sueño sanmartiniano y bolivariano.

65) Ello implica nuestra vocación de insertarnos en el mundo globalizado a través de la concertación de intereses con los países de la región, apostando de manera definitiva y sin contradicciones al Mercosur y rechazando el proyecto colonial Alca.

66) Reiteramos nuestro propósito de acumular desde la acción política y desde la formulación de un programa de gobierno. Este último se basa en algunas convicciones básicas e innegociables, como el respeto inclaudicable a nuestra Constitución Nacional, el respeto a las instituciones de la República.

67) Así mismo, la distribución equitativa de la riqueza, la instauración definitiva de la educación pública y gratuita en todos sus niveles, con calidad y adecuado presupuesto.

68) También, la defensa y promoción de la banca nacional y el crédito público, la defensa de nuestros productores y la industrialización vía la sustitución de las importaciones, la implementación de una reforma productiva que grave al gran capital y a los sectores improductivos de la economía, el seguro de desempleo y la erradicación de la desocupación.

69) En lo referido a nuestro sistema de educación básica, es imprescindible revertir la actual situación. Este se encuentra hoy transferido irresponsablemente a los gobiernos de provincia sin el financiamiento adecuado, potenciando además sistemas educativos disímiles en un sistema federal que no funciona y que es desde siempre inequitativo desde el punto de vista de la distribución de los recursos.

70) Transformación de la escuela pública, en tanto dure la actual emergencia económica y social, en la principal herramienta del Estado (no la única, pero sí la más idónea y transparente), para la atención de nuestros niños y jóvenes, hoy perseguidos por el fantasma del hambre, la desnutrición, las adicciones, el círculo nefasto de la violencia y la muerte temprana.

71) Definitiva reparación a nuestros ancianos mediante la nacionalización del sistema de previsión social que además de ser un fenomenal saqueo nacional por parte de las AFJP hoy deja a la intemperie a varias generaciones de argentinos.

72) Revalorización del hospital público como la columna vertebral de nuestro sistema de salud. Obligación del Estado de producir medicamentos básicos para la salud de la población, con la colaboración de las Universidades Nacionales.

73) Servicio Social Obligatorio de jóvenes que durante un período determinado deban cumplir con un servicio social en el marco de la crisis profunda que vive el país.

74) Reforma profunda de nuestro sistema de justicia, juicio político a la Corte Suprema y eliminación de la facultad del Presidente de proponer al Senado las vacantes en la misma. Instauración del concurso público y la participación popular para la designación de los jueces.

75) Vocación universalista y humanista que, combinada con la doctrina de libre determinación de los pueblos, signará nuestra propuesta de inclusión en el mundo a través de una política exterior autónoma y soberana.

76) Repudio al rol de policía global planetaria que pretende arrogarse la primera potencia mundial, arrastrando al mundo, en pleno siglo XXI, a una guerra planetaria que nos pone a las puertas de un desastre mundial sin precedentes.

77) Rechazamos la idea de “guerra preventiva” en la lucha contra el terrorismo, a la instauración de bases militares en países libres, a la intervención norteamericana en Colombia y Venezuela (aunque de formas distintas), así como en cualquier lugar del planeta.

78) Condenamos a las instituciones financieras creadas o desvirtuadas a los efectos de subyugar a las naciones en desarrollo, responsables directas del desastre político, económico y social que hoy rige la vida de nuestros países.

79) Observamos la necesidad de restaurar el equilibrio en las Naciones Unidas, hoy apéndice vergonzoso del poder imperial, para lo cual llamamos a los pueblos libres del mundo (particularmente a las naciones europeas vinculadas a la socialdemocracia) a abandonar la humillante subordinación actual a los dictados de Estados Unidos.

80) Nos comprometemos a luchar contra la destrucción del planeta, que pone en riesgo el futuro de la humanidad mediante el agotamiento y contaminación de sus recursos naturales.

81) Quienes nos convocamos es este espacio no dudamos que la Unión Cívica Radical ha constituido en la historia política argentina un valuarte en la defensa de la libertad individual de los ciudadanos y colectiva de la sociedad.

82) Nos identificamos con el partido que ha sabido representar a los que no aceptaron ni aceptan las conductas irresponsables, facilistas, autoritarias, transgresoras o depredadoras, que han sido características de otras fuerzas políticas, sociales o económicas.

83) Partimos sin embargo de la más profunda autocrítica del rol que el partido ha tenido a lo largo de la historia, que nos permite rescatar sus logros y reconocer sus fracasos.

84) El último de ellos ha sido la defraudación masiva que el partido produjo en la sociedad argentina a partir de su última experiencia de gobierno (la Alianza), trágica en sus resultados y devastadora en la frustración de la esperanza colectiva que significó.

85) Reiteramos como a lo largo de todo este manifiesto, nuestra convicción de la responsabilidad que en ese sentido nos cabe a los sectores progresistas del partido, que fuimos incapaces de imponer un programa a favor de los sectores populares, ya sea durante la construcción de la coalición, como en los debates partidarios que le dieron origen, y en la gestión de gobierno mismo.

86) Denunciamos que en el pasado más cercano fuimos tentados y atravesados por la lógica de la acumulación mediática y de las encuestas.

87) Fue en ese marco que aceptamos sin más, el discurso de la salida única que nos llevó inexorablemente a ejercer el continuismo y perpetuar así el modelo neoliberal.

88) Asumimos en el gobierno la peor de las opciones: representar a los sectores dominantes, internos y externos, poniendo en marcha así la profunda y vasta crisis de credibilidad y representación que hoy sufrimos aquellos que abrazamos la política.

89) Fue entonces que desistimos como partido y como gobierno de recurrir a la militancia, al no movilizarla en defensa del programa que el pueblo había votado. En cambio se optó por recetas y hombres foráneos al partido, continuadores del modelo neoliberal, sumiendo a los radicales en el desconcierto más absoluto.

90) Es por ello que hoy la sociedad, no sin razón, nos ubica en el mismo lugar de la consideración pública que a aquellos que ejecutaron de manera consciente y deliberada la traición a nuestros más caros principios.

91) Por tal motivo los sectores progresistas corremos el riesgo de equivocarnos si emprendemos la tarea de reconstrucción de nuestro partido priorizando la revancha a la honesta convocatoria a todos quienes de buena voluntad, de una u otra manera, pudieron equivocarse en el pasado.

92) Pero no más; los jóvenes militantes que nos convocamos hoy no estamos dispuestos a repetir los errores del pasado. Es por ello que declinamos encolumnarnos detrás de toda referencia partidaria y elegimos en cambio la construcción de un movimiento nacional que tenga la fuerza de movilizar a la militancia. No lo hacemos en contra de nadie aunque sí reclamamos nuestro derecho a hacernos cargo de la recuperación del partido y del país.

93) No rechazamos la necesidad de un liderazgo, por el contrario observamos que ningún país de la tierra se libró de sus yugos, sin una referencia ideológica y ética que sintetizara la voluntad de sus mayorías.

94) Sin embargo entendemos que ese liderazgo aún no asoma, ni dentro de nuestro devastado partido, ni fuera de él. No vamos a quedarnos de brazos cruzados, vamos a prepararnos de la manera que venimos expresando a lo largo de este documento: elaborando un programa de gobierno y actuando directamente sobre la realidad, desarrollando actividades que nos acerquen a nuestro pueblo y sus diversas organizaciones, hoy mayoritariamente distanciadas entre sí.

95) En tanto, observaremos con atención y profunda humildad el desarrollo de experiencias de resistencia y organización popular que se vayan generando, así como el surgimiento de nuevos liderazgos que merezcan nuestra confianza.

96) No emprendemos una carrera desenfrenada hacia el poder. No seremos gestores de una nueva frustración de los argentinos. Aspiramos a prepararnos concienzudamente, y a elegir los caminos más idóneos para, una vez alcanzado aquel, gobernar con lealtad a nuestros principios.

97) Quizás sea por ello que no nos apresuramos a renunciar a nuestros orígenes: vamos a dar pelea por construir el radicalismo de los marginados, los desposeídos, los trabajadores, las clases medias, es decir las grandes mayorías postergadas y golpeadas por el triunfo neoliberal.

98) Pero también el radicalismo de los hombres y mujeres capaces de gobernar con eficacia y responsabilidad, sin travestismos políticos y sin falsos antagonismos. Asumimos entonces la tarea de prepararnos sin descanso en los próximos años para la consecución de nuestros objetivos.

99) Somos plenamente conscientes que no es con voluntarismo político que seremos exitosos en la tarea de reconstruir nuestra nación en un marco de libertad e igualdad. En definitiva, vamos hacia la construcción de un movimiento, superador de las viejas y nuevas estructuras, de las individualidades egoístas y de las prácticas que destruyen la política.

100) Nuestro principal objetivo es acceder al poder para refundar la Nación. Una profunda renovación de la Unión Cívica Radical, de hombres, prácticas y objetivos, es nuestro primer gran desafío en ese camino.
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